Ama a tu familia (I)

Archivado en: Autocrónica — 24 Febrero 2005 @ 6:29 pm

Hoy haré un poco de blogging y les hablaré de mi tío.

Muchos pensarán que me dispongo a volcar un cubo de mierda reprimida y homosexual. Mi tío, el aficionado a las saunas. Mi tío, el que me perseguía por toda la casa con unas bragas en la cabeza. Mi tío, y mi terror al cine de gladiadores.

Pero no. Mis historias sobre tíos homosexuales están limitadas a la rama paterna, y el tipo del que voy a hablarles era la oveja negra de los del otro lado. Porque todas las familias tienen una, no lo duden… No existen las familias normales, y si cree que la suya lo es, llévese un dedo al ojete porque allí le crece un colmillo. A usted y a su padre.


Se fía uno y luego viene el llanto

En general, hasta que cumplí los 15 años, mi vida se dividía en dos períodos: curso y verano. Ambos eran radicalmente distintos y yo podía permitirme el lujo de ser una persona distinta cuando me movía entre uno y otro. Por ejemplo, durante el curso yo era lo que se conoce como ‘cutre’. Cada colegio e instituto define a los cutres mediante patrones distintos. En mi caso se trataba de no jugar al baloncesto, no usar ropa de marca, relacionarse con chicas a las que nadie miraba y, particularmente, dedicar los ratos de ocio a vociferar cosas como: “Es que nadie en todo el puto Camelot sabe lanzar un hechizo de bola de fuego!?”.


Con la tontería, a punto estuve de acabar como estos dos pollos

Por otro lado, en verano yo dejaba la ciudad y me iba, sin padres, a un destino playero donde era el rey de las nenas, vestía acorde a la imagen que mejor se ajustase a mi super-yo, regaba de vómito la orilla del mar a razón de dos veces por noche y descubría cosas fundamentales de la vida adulta. La mayoría de ellas, bien, eran asuntos que surgían solos (20 adolescentes que se reunen tras 10 meses de vivencias tienen mucho de lo que enriquecerse mutuamente); de otras, sin embargo, el culpable no era otro que mi tío.


Una descripción rápida del interfecto

Yo generalmente andaba ocioso y me lo encontraba por casa de mi abuela, o bien por la playa con sus amigotes. En el primer caso solía aparecer tras varios días sin que se supiera nada de él. Mi abuela se recluía a leer sus biografías de Sara Montiel. Simplemente pedía de comer y se sentaba. Se ponía un plato de comida y mientras tanto, hablaba, hablaba, hablaba. Yo escuchaba atentamente todo lo que decía. Sentaba cátedra con opiniones tan descolgadas de mi vida normal que cuando se hacía el silencio yo no sabía qué responder, aquello me superaba por completo. Una tarde vino con una raja que le cruzaba la ceja y la mejilla.

“A mí las personas no me dan miedo. Yo a lo único que le tengo miedo es a los animales salvajes.”

Y me contaba cómo le habían aplastado un vaso en la cara, y cómo le había devuelto el culo de vaso al tipo del mismo modo, y que después se había pegado con varios tíos en una carpa bacalaera hasta que se lo habían tenido que llevar.

Otro día apareció con una novia suya que era clavada a Janis Joplin. Un día ella estaba en su cuarto y yo entré para coger un libro (mi tío tenía mucha literatura escondida en su armario que era de difícil acceso para un crío de 14 años; desde Privates hasta ediciones descatalogadas de ciencia-ficción y terror). Ella me saludó y me dijo que me acercase, y me estuvo olisqueando durante un minuto. Me dijo que era fascinante que yo oliese a persona, porque despues de una semana sin ducharse y rodeada de gente desconocida se le olvidaba ese olor, y me dio las gracias.


Mi tío y sus amigos, haciendo lo que mejor saben, circa ’90s

Todo esto que les cuento tiene una conclusión la mar de lógica y que me va a quedar redonda. No se piensen que me ha dado por narrarlo así por así. Los que hayan llegado hasta aquí deberían, pues, hacer dos cosas: plantearse seriamente en qué emplean su tiempo libre Y volver a menudo a este blog para leer la segunda parte de esta fascinante crónica familiar.

  1. Eliza Leegan:

    estoy ansiosa por leer la segunda parte

  2. Aracne:

    Yo sigo pensando que al final te dio por culo.

  3. Dakini:

    Es cruel dejar a la gente con las ganas de este modo ¿Desde cuándo hueles a persona?

  4. Gib:

    la hostia! ahora lo entiendo todo…

4 Comentarios. Si no me dejas un comentario, le haré algo muy feo a un caniche.




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