Canción triste de las ocho patas

Archivado en: Reflexiones, Autocrónica, Teclorrea — 12 Junio 2005 @ 9:26 pm

Una vez tuve una araña. Era una Avicularia Avicularia, sudamericana, arborícola. Saltaba de una manera particularmente alarmante. De un lado del cristal a otro, plop. Era negra, con muchos pelos, trece centímetros de diámetro tras la segunda muda; una bestia competente y feroz.

Fue el regalo materno de mi 20 cumpleaños. Siempre me habían gustado las arañas por encima del resto de animales peligrosos e inquietantes favoritos de los niños, por ejemplo los tiburones, las pirañas y los pulpos. De algún modo resultaba complicado meter un tiburón en casa, así que me compró a Pandora y me la regaló con su cajita y un paquete de grillos vivos. Mis padres se estaban separando y él siempre ha sido aracnofóbico, así que sospecho que para ella este regalo original y sorprendente formaba parte de aquel ‘a tomar por culo’ generalizado.

Verla alimentarse era una delicia. Creo que lo que más me gustaba era su economía de movimientos. Era de una precisión quirúrgica, no desperdiciaba un solo julio de energía tonteando con el almuerzo. Me admiraba que un animal tan primitivo manifestase tamaño desprecio por lo superfluo (una característica poco común en el género humano). De modo que había que estar muy atento: si te despistabas un instante podías perderte el espectáculo.

Las arañas son seres tremendamente optimizados. Aparte de que el formato ‘araña’ lleva millones de años sin evolucionar, salvo en lo que a tamaño se refiere, algo que mucha gente no sabe es que las arañas apenas defecan. Tienen un metabolismo tan perfeccionado que no genera residuos, salvo muy de vez en cuando unas bolitas ínfimas que cuesta apreciar a ojos vista. Es cómodo para la araña y para tí, porque no tienes que hacerle limpieza.

Nunca llegué a cogerla, pero cometí unas cuantas imprudencias relacionadas con abrir la caja, mover demasiado la caja y dejar la caja en lugares inapropiados. Por supuesto se me escapó varias veces. Creo que tuve suerte; una vez estaba echando un polvo y alguien golpeó la dichosa caja, que estaba sobre una silla a los pies de la cama. No nos dimos cuenta hasta un rato despues. Fui yo el que la vio primero. Estaba volcada en el suelo y se había desparramado parte de la arena.

- Hostias, hostias, hostias.
- Qué?
- Súbete a la cama.
- Qué pasa?
- Que te subas a la cama, joder!!! Y te quedes muy quieta.
- Pero qué pas… ¡AAAAAAAAAAAAHH! La araña!! La araña!!! -ataque de pánico-.
- Ya, ya -cerrando la puerta del cuarto y explorando la zona cero con un flexo me doy cuenta de que el bichito sigue dentro, acojonado en un rincon-. Jooder la hostia!!
- QUE COÑO PASA!!!
- Tranquila mujer, si está aquí….

Gran descarga de adrenalina e intensa bronca posterior, claro.

El resto de la historia es algo triste y constituye uno de mis mayores traumas (junto con aquella historia del pizzero). Pandora y yo convivimos en armonía durante algo más de un año, hasta que yo me mudé con mi padre por exigencias del guión y empecé a trabajar en Madrid -entonces vivía leeeejos del perímetro urbano-. Solía pernoctar en la oficina o en casas de amigos; de hecho, muchos lunes directamente salía con un par de mudas de ropa en la mochila y a veces no pisaba mi casa hasta el domingo. Además, Pandora tuvo una época extraña en la que apenas cazaba lo que le ponía, así que empecé a alargar los intervalos entre comidas.

En el último intervalo se me fue la mano. Fiel a las indicaciones de mi guía de cuidados arácnidos, que decían que podían aguantar varias semanas sin comer, dejé pasar dos meses. Un día volví a mi casa y allí estaba, panza arriba en esa rígida postura universal de araña muerta. Se me encogió el alma. Incluso mi padre, que la odiaba, se enfadó conmigo. Qué quieren que les diga, se me da mal cuidar de los seres vivos, es una constante en mi existencia. Aún anhelo tener otra arañita, soñando con que sea Pandora reencarnada.

Unos años después de aquello, paseando por el centro, me encontré una enorme pecera perfectamente funcional tirada junto a un contenedor. Inmediatamente la visualicé llena de arena y plantitas, con una inquilina artrópoda jugando al corre-que-te-pillo con algún insecto reticente. Engañé a algún conocido para que me ayudase a llevarla a casa, y ahí la tengo cogiendo polvo. A una manzana de mi piso hay una tienda de animales exóticos donde me han asegurado que pueden conseguir casi cualquier ejemplar que les pida, y de vez en cuando vuelvo a echar un vistazo y a darle vueltas a la idea. Pero no sé. Creo que no lo he superado.

Y esta es la historia de CiRC y su araña, donde de nuevo resulto ser una persona nefasta y el Universo vuelve a marcar una casilla en su cuadernito de deudas kármicas. Cualquier tarde borrascosa me fríe un rayo. O, dependiendo de cómo le pille el día al Universo, un meteorito de los que me gusta ver en las pelis. Por cabrón.

  1. saga:

    Vamos, vamos, yo también enterré a mi santa y pekeña Casiopea (ke míticos somos de jóvenes) entre llantos y traumas de “no limpié bien su pecera. Kizás no le gustaba saltar desde la montañita de plástico. O lo de los helechos en el agua no era lo suyo”. Pero mírame ahora, el joven Sirius corretea y muerde pleno de vitalidad. Bien es verdad ke como no le des de comer, puedes tener problemas…
    Resumiendo, yo seguiré intentando regalarte a Pandora II, a ver si lo superas pronto, porke me niego a comprarte cualkier otro regalo. Chi.

  2. Dakini:

    Uy, que historia más dramática. Por dios saga, regálale un bichito simpático, que el rollo dark hole no le pega. Está más gracioso hablando de explosiones nucleares y alienígenas que se estrellan en películas de juicios.

  3. Aracne:

    Venga, venga, vengaaaaaaaaaaaa, sabes perfectamente que sigues teniendo una araña y que no se te da mal cuidarla :*

  4. Sans:

    Metiendo el dedo en la llaga… ¿No perdió también una o dos patas antes de fenecer?… :P

    Y por cierto, eso no sucedería estando yo en casa, ¿no?…

    Porque tengo un borrón descomunal en la memoria del año-ventas…

  5. Dakini:

    Claro, Sans, la del polvo eras tú. Yo te he identificado rápidamente :P Por el ataque de pánico, claro

  6. CiRC:

    Lo de las patas es una cosa apócrifa que te has inventado, Sansarín. La historia data de unos meses después de the Chamartin Incident.

    Del año ventas no sé tú, pero mi único recuerdo claro son la yogurtera del diablo y los meados de tu gata sobre mi edredón…

  7. alidhaey:

    Yo tuve una arañita pequeñita dentro de un boli bic cristal. Fui tela de cabrón. Ahora me arrepiento de aquello.

  8. Sans:

    Lo cual confirma dos o tres cosas:

    1- Tengo fama de histérica
    2- Tengo muy mala memoria
    3- ¿Quién se ha comido el último yogur? ¿EH?

  9. nika:

    Me gusto chico me gusto.yo tmbien soy pesima en eso de amparar en mi regazo cualquier tipo de animal,planta,persona.¿JE;JE)la cosa va de que tenia una perrita(yorshay)y siempre estaba conmigo,dormia en mi habitacion.pues el caso es que mi novio me regalo una tortuga…..pobre de ella.una noxe de esas mias to fumada saque la tortuga del terrario para acerla carantoñas y mala suerte que me exe a la cama y se me olvido meterla en el terrario.cuando me desperte a la mañana siguiente estaba la cabeza por un lado y el caparazon con una dentellada por otro.la tal perrita tuti ke abia pasado la noxe a mis pies la abia deborado……….noooooooooo.!TUTIIIIIIIII!la perra miraba de soslayo al igual que me miraba cada noxe cuando cojia a mi pequña tortuga flecha.ya nunka lo podre acer me dije.perra mala.y yo no se si el destino o el castigo me llegaron a los 4 años despues pues me rebaron a tuti despues de estar konmigo durante 8 años,y ay si ke llore.hijosdeputaaaaaaaaaaaaaaa.asi que al dia de hoy no kiero mas animal que a mi novio que se pone como tal cada vez que me ve en ropa interior.

  10. Seth:

    Heey no tiene nada de malo, a todos nos puede pasar olvidar de vez en cuando alimentar a nuestras mascotas, digo a mi se me olvida una que otra vez darle su alimento a mi gata hasta que noto que casi me quiere comer. Yo tambien soy pesimo con los seres vivos y con toda clase de mascotas, mi tamagochi se moria todos los días.

10 Comentarios. Si no me dejas un comentario, le haré algo muy feo a un caniche.




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