Epifanía catódica

Archivado en: Música, Autocrónica, Culturilla pop, Teclorrea — 24 Diciembre 2005 @ 6:30 pm

La noche me sorprendió frente al televisor, atrapado por el Discovery Channel. Yo contemplaba sin pestañear la restauración de una ranchera Ford del 65 que estaba llevando a cabo el equipo de Overhaulin’. El trabajo era un encargo de la esposa del dueño, un ex-Navy Seal llamado John. Este había perdido a un camarada en combate. Se llamaba Mitch y la ranchera había sido suya. Cuando murió, John la tomó a su cuidado y eventualmente comenzó a llamar ‘Mitch’ al propio vehículo. Durante el programa, engañan a John haciéndole creer no sólo que la ranchera ha sido robada sino que la aseguradora no piensa darle más de 3000 dólares por ella. El clímax llega cuando el ex-marine está a punto de empezar a repartir alegría en forma de fracturas cervicales. Uno de los presentadores descubre la broma y llevan a John al taller donde le espera la gran sorpresa. Cuando el tipo ve el resultado de la restauración lo único que puede hacer es repetir ‘Dios Mío, Dios Mío’. El primer vistazo al interior del coche hace que John casi pierda el conocimiento: sobre la guantera, un pequeño rótulo en estilizada tipografía años 50 reza ‘Mitch’.

Aquello me pilló completamente de improviso y me puso en un estado emocional espantosamente vulnerable. Aquella ranchera, aquella gente a la que no conocía de nada, era lo más bello que había visto en mi vida. Quería ser su amigo e irme con ellos a dar una vuelta y a mirar las estrellas y a acordarme de Mitch. Era la primera noche en años que miraba la TV por satélite. Decidí que lo mejor sería cambiar de canal. Tenía que encontrar algo que propiciase un anticlímax, no sé, quizá el jeto de Lorena Bernal o el de Eduard Punset.

Acabé cayendo en VH1, el canal de la nostalgia musical. Fue una mala elección. Cogí a mitad un videoclip de Air, Playground Love, donde un par de chicles usados trazaban un periplo amoroso por el set de rodaje de la película ‘Las Vírgenes Suicidas’, pasando de la boca de Kirsten Dunst a la de Josh Hartnett para acabar reuniéndose felizmente gracias a la suela del zapato de una ayudante de producción.

En aquel instante la visión de un perro olisqueandole el trasero a otro habría conseguido que me hiciese pipí de la ternura. Pero no tuve tanta suerte. VH1 tenía en bandeja un plato especial. De la negrura surgió una secuencia a cámara lenta de unos ancianos corriendo por la calle, felices. Hacían travesuras, llamaban a timbres y después se escondían tras una esquina. Saltaban en los charcos y le daban patadas a las papeleras. Tres minutos bastaron para convertirme en el equivalente emocional de un huevo de codorniz. Al final, dos grupos de viejos-niños luchan con espadas de madera en un cementerio, en una batalla épica. Las palabras no bastan para describir el momento. Todas mis contramedidas habían caído ante la belleza devastadora de ‘Hoppipolla’, el último single de Sigur Rós.

Cuando acabó, mi cuerpo era una carcasa vacía que se desmoronaba, aunque mi mente no estaba allí. Acompañaba a un grupo de octogenarios enfundados en botas de agua que robaban peras en la frutería de un suburbio islandés. Había sido peor que un combo de 17 golpes ejecutado por la máquina en el nivel difícil del Mortal Kombat. No recuerdo cuanto tiempo pasó después; en algún momento de la noche volví en mí y apagué la tele.

Ya ven que, en Navidad, hasta los hombres de metal que no dependen de nada ni de nadie revelan sus sentimientos. Ahora soy, más que nunca, una víctima de la cultura mediática. Siéntanse libres de donar fondos para mi pronta recuperación. Bájense el videoclip de Hoppipolla (sin añadir ripios de patio de EGB que les conozco). Y sobre todo, no subestimen la capacidad de sugestión de ese cacharro maléfico que tienen frente al sofá.

  1. Cattya:

    ¡¡Madre mía!! ¿Y todo eso sin tener la regla? Yo que tu me lo hacía mirar. Para mi que se te ha soltado un tornillo del chip emocional :D

  2. CiRC:

    Yo es que escribo estas entradas tan sensibleras para probar a mi público. Así me aseguro de que son gente selectiva y con discernimiento.

    Esta sequía de comentarios deja claro que el test ha sido un éxito.

  3. Coronel Kilgore:

    Pruebe con unos buenos electrodos. Aún tiene solución.

  4. Mitch:

    Bah, para ser un post sensiblero sigue teniendo altas dosis de sarcasmo.

4 Comentarios. Si no me dejas un comentario, le haré algo muy feo a un caniche.




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